Una nogalera en Hermosillo y el registro de riego por sector de huerta
Resumen:
- La captura en campo tiene que funcionar sin señal y guardar la hora real del evento.
- Antes de medir con sensores hay que tener bien definido el padrón de sectores y válvulas.
- Las horas de bombeo solo son comparables normalizadas por superficie.
- El padrón heredado tenía errores que solo aparecieron al capturar a diario.
Una nogalera en la costa de Hermosillo, poco más de doscientas hectáreas repartidas en sectores de riego de tamaño desigual, con pozo propio y red de goteo. Tres regadores en rol, un mayordomo y un ingeniero agrónomo que visita dos veces por semana.
El registro del riego era una libreta por regador. Hora de apertura, hora de cierre, sector, y a veces una nota. Las libretas se concentraban al final de la semana en la oficina y alguien pasaba lo legible a una hoja de cálculo.
El dueño no nos llamó por un problema de datos. Nos llamó porque la factura de energía del pozo no cuadraba con lo que creía estar regando, y no tenía forma de averiguar dónde estaba la diferencia.
El problema y lo que costaba
La pregunta concreta era simple de enunciar y, con libretas, imposible de contestar: cuántas horas de bombeo recibió cada sector el mes pasado, y cuántas por hectárea.
Para responderla había que cruzar tres cosas que no estaban cruzadas. Las anotaciones de los tres regadores, con caligrafías y criterios distintos. El padrón de sectores, que existía en un plano impreso con anotaciones a mano. Y el registro del pozo, que era un contador de horas que alguien leía cada tanto.
El costo operativo tenía tres caras.
No se podía detectar un sector mal regado hasta que se veía en el árbol. Y para entonces ya habían pasado semanas. En un cultivo perenne eso no se corrige con la siguiente corrida.
No se podía atribuir un consumo anómalo. Cuando las horas del pozo no cuadraban con la suma de las libretas, la diferencia podía ser una fuga, un error de anotación o una corrida que nadie registró. Sin más detalle, cada hipótesis era igual de plausible.
Las decisiones del agrónomo iban a ciegas. Sus recomendaciones de lámina se daban por sector, pero no tenía forma de verificar si lo recomendado se había ejecutado.
Lo que se intentó antes
Hubo dos intentos previos a nuestra llegada.
El primero fue sustituir la libreta por un grupo de mensajería. Los regadores mandaban un mensaje al abrir y otro al cerrar. Duró cinco semanas. Falló por la razón previsible: en buena parte de la huerta no hay señal, así que los mensajes se mandaban en bloque al salir, con horas escritas a mano dentro del texto, lo que reprodujo el problema de la libreta con un paso extra.
El segundo fue una hoja de cálculo en el teléfono del mayordomo. Mejoró la legibilidad y nada más. La hoja seguía dependiendo de que una sola persona capturara lo que le reportaban los demás.
Ambos intentos fueron informativos. Confirmaron que el cuello de botella estaba en el momento y lugar de la captura, no en el formato del dato.
Decisión uno: capturar donde ocurre, sin depender de la red
El primer requisito que escribimos fue que la aplicación funcionara completamente sin conexión. No como modo degradado, sino como modo normal.
El regador abre la aplicación, selecciona el sector de una lista corta filtrada por la zona donde está, y toca abrir. Al terminar, toca cerrar. El registro se guarda en el dispositivo con la hora del momento. La sincronización ocurre sola cuando el teléfono recupera cobertura, normalmente al volver a la zona de casas.
El detalle que importa y que se pasa por alto con frecuencia: el registro conserva la hora del evento, no la de la sincronización. Si se guarda la hora de subida, todas las corridas de la zona sin señal aparecen amontonadas al final del turno y el histórico queda inservible justo donde hacía más falta.
El segundo detalle: el dispositivo guarda su propio padrón de sectores en local, porque una lista que se descarga al abrir la aplicación no sirve en una huerta sin antenas.
Decisión dos: dos toques, no un formulario
La primera versión de la pantalla de captura tenía siete campos: sector, válvula, hora de inicio, presión observada, caudal estimado, observaciones y una foto opcional. Era la lista completa de lo que el agrónomo quería saber.
Se probó dos semanas en campo. Los regadores capturaban el sector y la hora, y dejaban el resto vacío. Cuando el mayordomo insistió en que se llenara todo, empezaron a capturar al final del turno, de memoria, con los siete campos rellenados a ojo. El dato empeoró.
Se rediseñó con una regla: un gesto por evento. Abrir es un toque. Cerrar es un toque. Todo lo demás es opcional y se pide solo cuando el sistema detecta algo raro, por ejemplo una corrida mucho más larga que la media de ese sector, en cuyo caso al cerrar aparece una pregunta única con tres opciones frecuentes.
La calidad del dato básico subió de inmediato. La presión y el caudal se recuperaron después por otra vía: una lectura semanal programada que hace el mayordomo en una ronda específica, que es una tarea distinta y no estorba al riego.
| Dato | Quién lo captura | Cuándo |
|---|---|---|
| Apertura y cierre de válvula | Regador | En el momento, un toque por evento, sin red |
| Causa de corrida atípica | Regador | Solo si el sistema la detecta, con opciones predefinidas |
| Presión y caudal por sector | Mayordomo | Ronda semanal programada |
| Horas de bombeo del pozo | Mayordomo | Lectura diaria del contador |
| Recomendación de lámina | Agrónomo | Por visita, queda como objetivo comparable contra lo ejecutado |
Decisión tres: arreglar el padrón antes de calcular nada
Este fue el trabajo que nadie había previsto y el que más valor terminó dando.
Para calcular horas por hectárea hacía falta saber la superficie de cada sector. El plano de la oficina tenía números que venían de la plantación original. Al contrastarlos con el recorrido en campo aparecieron discrepancias serias: sectores que se habían subdividido años atrás sin actualizar el plano, un sector que en realidad se regaba con dos válvulas y figuraba como una, y dos sectores con nombres que los regadores usaban al revés entre sí.
Ese último hallazgo explicaba parte del descuadre original. Durante años, dos sectores habían estado intercambiados en el registro, de modo que el histórico de ambos era mutuamente contaminado.
La corrección tomó tres semanas de campo con el mayordomo, midiendo y renombrando. No fue trabajo de software. Fue el requisito sin el cual el software no significaba nada.
Errores que cometimos
El primero fue dar por buena la lista de sectores que nos entregaron. Construimos sobre ella y hubo que rehacer el catálogo y migrar los primeros registros. La lección es vieja y se repite: en un proyecto de datos, el padrón maestro se audita en campo antes de escribir código, no después.
El segundo fue la pantalla de siete campos ya descrita. El error de fondo fue diseñar la captura desde las necesidades del agrónomo en lugar de desde las condiciones del regador. Las dos son legítimas; mezclarlas en una sola pantalla no lo es.
El tercero fue el informe. La primera versión tenía nueve gráficas y ocho filtros. El dueño la abrió dos veces. Lo que terminó usándose fue una sola tabla, un renglón por sector, con horas por hectárea del mes, el mismo dato del mes anterior y la diferencia. Las nueve gráficas siguen disponibles para el agrónomo, que sí las usa, pero no son la pantalla de inicio.
Cómo se midió
Se fijaron tres medidas antes de empezar.
- Cobertura de registro. Porcentaje de corridas de riego con apertura y cierre registrados en el momento, no reconstruidos. Era el indicador de salud del sistema. Empezó bajo, subió a lo largo del primer ciclo y es el que se revisa primero cuando un número raro aparece.
- Descuadre entre horas de pozo y suma de corridas. La pregunta original. El descuadre no desapareció pero se volvió explicable: una parte quedó atribuida a las pruebas de bombeo que nadie registraba y otra a una fuga en una línea secundaria que se localizó precisamente porque el sector asociado consumía más horas de las que su superficie justificaba.
- Desviación entre lámina recomendada y ejecutada. Es el indicador que le interesa al agrónomo y el que tardó más en ser confiable, porque exige el padrón corregido.
Se dejó fuera de forma explícita cualquier medición de productividad por persona. El sistema registra quién capturó, porque hace falta para resolver dudas, pero no se construyó ningún informe de desempeño individual y se dijo así desde la primera reunión con los regadores. Esa conversación, tenida a tiempo y cumplida después, es la razón de que la adopción no fuera un problema.
Preguntas frecuentes
¿Se puede capturar en campo si no hay señal de celular?
Sí, y es el requisito que hay que plantear desde el primer día. La aplicación guarda el registro en el dispositivo y lo sincroniza cuando vuelve a haber cobertura, conservando la hora real del evento. Si el sistema depende de la red, la huerta se queda sin datos justo donde no hay antenas.
¿Hay que instalar sensores para controlar el riego?
No necesariamente, y no conviene empezar por ahí. Antes de medir con instrumentos hay que tener bien definidos los sectores, las válvulas y el registro de quién abrió qué y cuándo. Sin esa base, los datos de un sensor no se pueden atribuir a nada.
¿Qué dato sirve más para comparar sectores?
Las horas de bombeo normalizadas por superficie regada. Comparar horas absolutas entre sectores de distinto tamaño no dice nada. Al dividir por hectárea aparecen las diferencias que importan y las que no tienen explicación agronómica.
¿El regador acepta capturar en un dispositivo?
Depende de cuánto le cueste. Si el registro es un par de toques al abrir y cerrar la válvula, se adopta. Si es un formulario con campos que hay que escribir, se pospone y al final del turno se completa de memoria, que es exactamente el problema de la libreta.
¿Cuánto tarda en servir el histórico?
Un ciclo de riego completo es el mínimo para tener con qué comparar. Antes de eso el valor está en detectar inconsistencias de captura y en corregir el padrón de sectores, que casi siempre tiene errores heredados.
Lo que quedó fuera
La automatización de válvulas se discutió y se descartó para esta etapa. No por rechazo a la idea, sino por orden: automatizar la apertura de un sector cuyo padrón estaba equivocado habría consolidado el error en vez de corregirlo.
La integración con estación meteorológica también quedó pendiente. Tiene sentido cuando la pregunta es cuánto regar; la pregunta de este proyecto era cuánto se regó realmente, que es anterior y más básica.
Si estas en una situacion parecida
Si en tu operación los registros de campo viven en libretas y nadie puede comparar un sector contra otro, el primer paso no es elegir tecnología: es ordenar el proceso y saber que datos ya tienes. Podemos revisarlo contigo.
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